Es interesante como los conceptos tienden a una cierta circularidad. Adoptemos para esta discusiòn de alguien interesado en la Calidad de los Servicios de Salud, la perspectiva de Donavedian: el compromiso con que el usuario de nuestros servicios reciba la atención que le proporcione el mayor beneficio tècnicamente posible (alivio, bienestar, o lo que sea realista ofrecerle), con el menor costo (incluyendo reacciones adversas, eventos adversos involucrados con la atencion, costo monetario, etc).
En esta lógica, diriamos, una de las estrategias para el logro de la Calidad, es la acreditación, acto por el cual un actor externo, a su vez autorizado para tal efecto, da fe de que mis servicios cumplen determinados estàndares previamente establecidos.
Por otro lado, muchos sistema de acreditación, incluida nuestra Acreditación MINSA, incluye entre sus estándares, en nuestro caso, el Macroproceso GCA, el contar con un sistema de Gestión de la Calidad.
Y a esto iba con la circularidad: Es que la Gestión de la Calidad es un elemento que tiene valor en tanto nos permite acreditar, o es que la Acreditación tiene valor en tanto nos permite dar una atención de calidad?
Luego de una breve pausa, propongo que es lo segundo: La Acreditación tiene valor en tanto nos permite dar una atención de calidad.
Si es asi, entonces, todo proceso de capacitación o formación de personal en Acreditación, tendría que estar sólidamente basado en conceptos y filosofía de la Calidad; más aún, el mensaje insistente tendría que ser: La Acreditación no es un examen, es un hito en un camino de mejora de la calidad, y no basta con mostrar el documento o la evidencia de que satisfago un criterio de acreditación en este momento: Tengo que incorporar los criterios, como forma cotidiana de operación.
Obvio? Quizá si, quizá no. Quizá lo que nos parece obvio a algunos, no es obvio para todos.
Con mis saludos.
Pedro.
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